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CUIDAR LA TIERRA PARA QUE FLOREZCA LA PAZ

                                             

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Recordaremos que vinimos a este mundo con los dones necesarios para desarrollarnos y servir a la humanidad en el camino del propósito individual y colectivo de vida

Lialdia.com / Lenny Z. Pito Bonilla / Tampa/ Florida/ 4/22/2016 – Están prendidas todas las alarmas en indiferentes lugares del Planeta y como pocas veces para la conmemoración del Día Internacional de la “Pacha Mama” el riesgo de temblores, tsunamis, erupciones volcánicas, tornados, tormentas e inundaciones entre otros es muy alto, la tierra está en estado de gran vulnerabilidad en la que el hombre la ha colocado, con su tradicional falta de conciencia respecto al valor del desarrollo sostenible.

A pesar de los múltiples esfuerzos que muchas personas, estamentos y naciones desde el siglo pasado han venido haciendo por restablecer un orden y armonía entre el ser humano y su planeta, seguimos en esta segunda década del Siglo XXI en una generalizada ignorancia al respecto y en cambio sí, ahogados cada día más en la “locura” colectiva del hacer a favor de la sobrevivencia y no del ser en función de un propósito de vida, bajo la presión de una sociedad consumista, donde prima la competencia desleal, el egoísmo, la avaricia, el bien individual sobre el común, la carrera hacia la riqueza o la fama sin importar que en ella se pisotee al otro y se pase por encima de sus derechos y libertadas más fundamentales.

Al final en esta carrera que se ha convertido la vida, de afanes, sin tiempo, de quehaceres, de activismo, de hiper-tecnología, hemos reducido a la mínima expresión o perdido por completo, los momentos para estar con nosotros mismos o con los seres cercanos, en contacto con la naturaleza, ni tan siquiera para sembrar una mata, cuidarla, verla crecer y disfrutarla, apreciar el amanecer o el atardecer, respirar bajo un árbol, abrazarlo o subir en él, correr sobre la hierba, poner los pies en el agua del rio, del lago o del mar, recibir la vitamina del sol, extasiarnos ante una noche estrellada o con luna llena o que tal, tan solo caminar sintiendo el viento. Charlar en familia, con vecinos y amigos, orar, meditar y agradecer por el maravilloso planeta que tenemos, por el privilegio de ser parte de él y por los seres que nos rodean.

Un momento histórico donde el nivel de vida ha aumentado, tenemos a nuestro alcance más herramientas para hacer las cosas más fácil y mejor en menor tiempo, la ciencia y la tecnología nos ofrecen extraordinarias posibilidades para el desarrollo, sin embargo nos empeñamos en tomar las vías hacia la autodestrucción que nos apartan del autoconocimiento y la libertad, enfrascándonos en situaciones emocionales y mentales del más alto riesgo, incrementando al máximo situaciones de: estrés, angustia, ansiedad, tristeza, desesperanza, depresión, dolor, miedo, rabia, impotencia, envidia, suicidio, violencia interna que mal expresada desboca en la violencia familiar y social tan generalizadas, al punto de los homicidios genocidios o terrorismo. Un hombre que subsiste a merced de todo esto es un muy débil, está enfermo, se desconoce, no se valora, solo puede ofrecer mal estar y desarmonía a sí mismo, al otro y al único hogar que tiene, el planeta. Millones de personas empotradas en sus laberintos internos, no solo están haciéndose daño a sí mismas, sino que son millones de posibilidades diarias que contribuyen con el daño, el desorden y la destrucción de la tierra y sus habitantes. Todos somos uno y ese uno en desequilibrio impulsa el desequilibrio de la naturaleza, parte fundamental de lo que somos.

Solo por hoy, Día de la Tierra, hagamos el propósito de desenchufarnos de todo y enchufarnos con nuestra divinidad, aquietemos de manera consciente nuestras emociones y pensamientos, por un momento dejemos que sean sin que nos afecten, retirémonos a un lugar que nos ponga frente a lo natural, sino tenemos esa posibilidad sentémonos frente a nuestra pequeña mata o miremos por un instancia hacia el cielo, detallemos a un animal, tomemos una flor o una piedra entre nuestras manos, miremos alrededor, algo natural no creado por el hombre está cerca y nos observa pidiéndonos que le pongamos un poco, tan solo un poco de atención, asegurándonos  que en esa conexión con él, nos reencontraremos con el planeta entero, con nuestro ser superior y con nuestra esencia interna.

Recordaremos que vinimos a este mundo con los dones necesarios para desarrollarnos y servir a la humanidad en el camino del propósito individual y colectivo de vida, a pesar de los obstáculos, que nuestra misión es la de construir, sembrar y contribuir con el equilibrio y la paz mundial. En ese sentido cada uno y todos como uno,  volquémonos como tal a proteger con amor el planeta azul que habitamos, a reciclar, ahorrar energía y agua, cuidar cada uno de los recursos, etc. pero ante todo, a ser parte de la naturaleza y permitirle que sea parte de nosotros, con esa conciencia y en esa vibración de amor, contribuiremos en forma contundente con la sanación, recuperación y restauración de nuestra alma y por tanto de nuestra Tierra para que florezca la paz.

Solo por hoy, cada día de los 365 días del año, es día de la Pacha Mama!

ARTICULO PUBLICADO EN:

http://lialdia.com/…/cuidar-la-tierra-para-que-florezca-la…/

 

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