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DESDE MI PAZ INTERNA A LA DE MI PUEBLO

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La felicidad, prosperidad, fortaleza y paz de una nación es el reflejo del alma de sus pobladores. 

Lialdia.com / Lenny Z. Pito Bonilla / Tampa / Florida / 6/26/2016 – Recibo con fe la firma de un alto al fuego con la que esta semana, en un rincón de este mundo de desesperanza, miedo y sufrimiento, ciudadanos de un mismo pueblo  abrieron la ventana para un tratado de paz. Estos son procesos, actos y posibilidades que bien merece nuestro único hogar el planeta tierra, con tantos focos de conflictos armados, guerras y terrorismo, con una humanidad cargada de altos niveles de agresividad y violencia de todo género y con su azul pintado de rojo de tanta sangre derramada.

Colombia, ese país bañado por los dos océanos más grandes del mundo, cuyos ciudadanos de hoy no sabemos lo que significa vivir en un territorio de paz, porque todos hemos crecido, construido nuestras vidas personales, familiares y laborales en medio de uno de los conflictos armados más crueles, sanguinarios y dolorosos del mundo llamado civilizado, de la postguerra, en el que un grupo no mayor de cincuenta mil guerrilleros al margen de la ley y con supuestos ideales comunistas, socialistas y libertarios pudieron arrinconar y mantener a más de cuarenta y cinco millones de personas, bajo uno de los yugos más atroces y largos que la humanidad a experimentado, colombianos contra colombianos en una guerra que ha involucrado a la población civil sin piedad.

Bombas de todo tipo, destrucción de pueblos, magnicidios, minas quiebra patas, homicidios, secuestros extorsivos y políticos, desapariciones, narco guerrilla, extorsión, desplazamiento interno, debilitamiento del campo, retenes en las carreteras, tortura, terrorismo, zonas rojas vedadas, exilio y huida hacia el exterior entre otros, a manos de quienes buscaron y lograron sin duda desestabilizar un país y acumular años sobre años de dolor, miedo, terror, horror, resentimiento, odio, rabia, rencor, pérdida de esperanza, confianza, fe y con ello minaron no solo gran extensión de tierra fértil, minimizando la capacidad y tradición milenaria de indígenas, campesinos, agrícola y ganadera, sino que también minaron el alma de la gran mayoría de colombianos de bien. Desminar la tierra según los expertos llevará años, desminar el alma no menos, pero empezar es el primer acto de voluntad hacia la paz y hacerlo no solo es responsabilidad de guerrilleros y gobierno, sino de cada ciudadano colombiano.

Un pueblo que se ha sostenido y ha mantenido la fortaleza a pesar de tanta adversidad, tiene derecho a sentir y expresar su dolor, porque cada uno tiene una historia que contar de sufrimiento, por actos de la guerrilla que le han afectado en forma directa o indirecta a nivel personal, familiar, comunitario o social, porque en el colectivo imaginario hay una constante: El conflicto sin fin. Hoy un gobierno legítimo pero bajo la lupa de un pueblo sufrido y lleno de desesperanza, firma con una guerrilla cruel, que tiene bajo sus hombros el peso de millones y millones de litros de sangre y lágrimas derramadas, un documentoque promueve el principio del fin de una guerra despiadada por donde se le mire. No es fácil para los colombianos confiar, ni en uno y en otro lado de la mesa de negociación, porque en la psique de cada persona hay emociones negativas que están latentes y aún vibran muy fuerte hacia abajo, porque las mentes están rememorando tanto daño causado, porque hoy más que nunca se recuerda a los seres amados compatriotas todos, que murieron dejando un infinito número de viudas y huérfanos, porque otros muchos quedaron discapacitados física, sensorial o mentalmente, porque miles de madres aún lloran a sus hijos caídos en medio de ese absurdo conflicto, porque miles en contra de su voluntad fueron en listados en la guerrilla, niños que se volvieron adultos disparando un fusil y odiando a su país, niños que nacieron en medio de los tiros, por los múltiples focos indiscriminados de todo tipo de violencia. Colombianos todos que tenemos las heridas abiertas de un pasado cruel, con dudas, temores, inseguridad frente a la palabra de quienes hoy firman papeles, que la gran mayoría desconocemos en su total contenido y compromisos. Tenemos derecho a este conflicto emocional que nos embarga y que no nos permite sentir total felicidad y tranquilidad frente a esta firma.

El proceso llamado diálogos de paz ha generado malestar, pero reconozco que este primer paso dado a pesar y en medio de profundas diferencias, inconsistencias o desconfianzas, es un hálito de esperanza en medio de tanta zozobra, es una invitación aún con las imperfecciones que pueda tener, a que todos los colombianos que nacimos en la guerra y deseamos saber que significa vivir en la paz, nos demos la oportunidad de permitir que el recuerdo de ese pasado tan triste, sea lección de vida para que no se vuelva a repetir y para que las siguientes generaciones no lo vivan también.

Si la guerra ha sido larga y el dialogo agotador, preparémonos para un proceso de paz que tomará tiempo, debemos comprender a pesar del dolor, que tantas pérdidas no pueden seguir alimentando el odio y el miedo, que ellas deben convertirse en el punto de partida para empezar un camino de ganancias, en el que podamos iniciar un proceso hacia nuestra paz interior a partir del perdón, que como dijo Mark Twain es: “El perfume que impregna la violeta al zapato que la aplasta”, es mandato de Cristo y es el que sana esas profundas heridas. Démonos la oportunidad de cicatrizar, ello nos permitirá comprender que atrás debe quedar el sufrimiento, que es nuestra responsabilidad el dar paso al amor e impulsarnos como nación a iniciar un auténtico proceso de reconciliacióny restauración, para que en un futuro no lejano podamos volver a mirarnos a los ojos como hermanos, confiar los unos en los otros, heredar a nuestros hijos un país pacífico y próspero.

Está en nuestras manos hacer uso de nuestra sabiduría como pueblo, la que hemos adquirido después de tan , profunda y cruel tragedia humana vivida, para darnos la oportunidad de despertar a un nuevo amanecer y volver a creer para empezar a crear.

Articulo publicado en http://lialdia.com/…/desde-mi-paz-interna-a-la-de-mi-pueblo/

 

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